En consulta lo vemos a menudo: el amor no es el problema, sino la forma en la que
hemos aprendido a amar. Frases como «si hay amor, con eso basta» o «los celos indican
amor» se han colado en nuestro imaginario desde pequeños. Muchas de ellas están
basadas en mitos que se han ido formando a lo largo de los años. Pensar que «si me
quiere, cambiará» o que «si tengo que pedirlo, ya no lo quiero» puede llevarnos a
relaciones frustrantes, donde esperamos que el otro adivine nuestras necesidades.
Y aunque suenen románticas, muchas veces nos alejan de vivir relaciones sanas y
satisfactorias. Empezar a cuestionar estos mitos es el primer paso hacia un amor más consciente y realista, donde la comunicación, la empatía y la responsabilidad afectiva
toman protagonismo. Entonces, si amar no es suficiente, ¿qué más necesitamos?
Conocer nuestro tipo de apego nos permite crear un “mapa mental” sobre cómo nos relacionamos y lo que necesitamos en una relación. Podemos tomar conciencia sobre
nuestros pensamientos e ideas, pero aunque tengamos conciencia sobre estos pensamientos no todo ocurre en la mente…Nuestro cuerpo también forma parte del vínculo. La teoría polivagal nos recuerda que además de tomar conciencia sobre
nuestros estilos de apego e ideas preconcebidas también es importante hacerlo de
nuestros estados fisiológicos ante el conflicto:
Si aprendemos a reconocer estos estados (cuando estamos irritables, acelerados o
desconectados), nos será más fácil regularnos y volver a la calma. Esa regulación es clave
para poder conectar realmente con nosotros y con el otro.
Cuando estamos en calma, es mucho más fácil construir puentes que nos conecten con
nuestra pareja. Y no, no se trata de ganar discusiones o tener siempre la razón. Se trata de
expresar lo que sentimos con claridad y respeto, y de estar dispuestos a escuchar al otro
sin juzgar, aunque vea las cosas de forma distinta a como las vemos nosotros. Porque sí, a
veces vivimos la misma situación desde lugares muy diferentes. Frases como:
“Cuando me dijiste eso delante de tus amigos, me sentí incómoda, como si no me
tuvieras en cuenta. Me gustaría que, si hay algo que te molesta, lo hablemos en
privado.”
Quizá para la otra persona fue solo una broma, pero tu vivencia fue otra. Y poder
compartirlo sin atacar permite que el otro también se acerque a tu mundo interno. Esto
pasa porque cada uno ha vivido experiencias diferentes, ha aprendido a interpretar el
mundo de forma única, y eso influye en cómo percibimos lo que ocurre. No hay una
única verdad: cada visión es válida y merece ser escuchada. Cuando logramos eso, no
solo crece el vínculo emocional: también se transforma la intimidad.
Por eso, comunicarnos bien no significa gritar más fuerte, sino entendernos mejor. Y esos
puentes emocionales que construimos desde la empatía y la calma son los que realmente
nos acercan.
Finalmente, es importante recordar que ninguna pareja lo hace perfecto. Hablar de amor consciente también implica aceptar que la otra persona no siempre podrá cubrir todas nuestras necesidades, pero sí puede esforzarse por acercarse.
Valorar ese esfuerzo, agradecer los pequeños gestos y ajustar nuestras expectativas forma
parte de un amor maduro, real y posible.
Anímate a reconstruir, a comprender, a volver a conectar. Porque amar también es
aprender a cuidar la relación.
¿Quieres aprender a construir una relación más sana y consciente?
En el Centre de Psicologia Clínica del Maresme, nuestras psicólogas te acompañan a mejorar la comunicación y el vínculo de pareja.



